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La «Mafia del Huevo»: productores que aumentan indiscriminadamente

Insultos, agresiones y amenazas. Así es la situación que viven inspectores que denuncian una «Mafia del Huevo»: productores que se saltan los controles de precios y realizan aumentos «indiscriminados» del producto ovícola,

Además de agredir a los fiscalizadores , según se desprende de un informe que llegó a manos del ministro de la Producción de la provincia de Buenos Aires, Augusto Costa.

Por el aumento indiscriminado de los huevos, el funcionario solicitó un informe de la situación de esta industria, que arrojó resultados peores a los esperados, ya que en medio de todo esto hay una mafia que amedrenta y amenaza inspectores, según le aseguraron a NA.

«Están Fritos: La ‘Mafia del Huevo'» es el título del documento reservado, al que tuvo acceso la agencia NA, que da cuenta del calvario que sufren los fiscalizadores a la hora de realizar su trabajo.

Entre otras cosas, habla de «productores de huevos que agreden a los inspectores y distribuidores que arman redes clandestinas para esquivar sus controles».

De acuerdo a los valores fijados por el programa de Precios Máximos, la docena de huevos debe costar $145, y $60 la media docena. Sin embargo, en territorio bonaerense esto no se cumple.

En febrero de este año, según el relevamiento de inflación oficial de la provincia, el cajón de huevos costaba 1.415 pesos, mientras que en mayo trepó a $2.520.

Asimismo, de acuerdo al informe, «a los pequeños distribuidores y comercios les aumentan más los precios que a los grandes supermercados, aprovechándose del poder de mercado».

El gobierno bonaerense aplicó multas de hasta $2 millones a esta industria, pero el texto remarca que «el objetivo no es la sanción, sino evitar que los consumidores sean víctimas de precios abusivos».

El accionar ilegal de «La Mafia del Huevo»

De acuerdo al informe, «los productores se violentan, agreden verbalmente y cierran y abren las puertas con los inspectores adentro. En ocasiones, los fiscalizadores requieren auxilio policial».

Incluso, en algunos casos, los agreden al grito de «cagón», encierran a los inspectores dentro de los establecimientos, no brindan información, se resisten y acuden a excusas para evitar los controles, tales como que «no hay sistema, se rompió la computadora, no anda la impresora, las facturas las tiene el contador», entre otras.

No sólo esto: los distribuidores también tienen estrategias para vender en negro, en caso de que haya clausuras, «y vuelven a subir los precios luego de la inspección», apunta el informe.

Las inspecciones detectaron subfacturación en granjas (pocas emiten facturas de manera normal) y distribuidores. Además, las subas de precios son «abusivas e injustificadas, que alcanzan el 100% en un mes».

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